Indolencia o complicidad

“…Las decapitaciones del Estado Islámico no son antiguas o remotas. Son un evento global, del siglo XXI, un acontecimiento que se realiza en nuestras salones, escritorios, en nuestras pantallas del ordenador. Son totalmente dependientes de la potencia tecnológica para conectarnos. Y nos guste o no, todo el que mira es parte del espectáculo…”

“…uno puede tener la tentación de ver material que no miraría en la vida normal o no miraría si estuviera con otras personas. Y cuando la acción es pregrabada y tiene lugar en un tiempo y espacio lejanos, verla parece una actividad pasiva. No hay nada que pueda hacer ahora. Ya ha pasado. Todas estas cosas hacen que sea más fácil como usuarios de internet que demos sentido a nuestra curiosidad acerca de la muerte, y empujemos nuestros límites personales, para probar nuestro sentido de shock. Pero no somos pasivos cuando miramos. Por el contrario, estamos cumpliendo el deseo del asesino de ser visto.“…

“…La evidencia sugiere que a lo largo de nuestra historia de decapitaciones y ejecuciones públicas, la gran mayoría de las personas que iban a verlas eran o entusiastas o, como mucho, impasibles. La repugnancia ha sido relativamente rara, e incluso cuando la gente que está disgustada y se horroriza, no siempre deja de salir de todos modos a ver. Tal vez el ejemplo más llamativo de la capacidad humana de ver una decapitación y permanecer impasible e incluso estar decepcionado fue la introducción en Francia en 1792 de la guillotina, la famosa máquina de decapitación. Para nosotros en el siglo XXI, la guillotina puede parecer como un artilugio monstruoso, pero para las primeras multitudes que la vieron, en realidad fue una decepción. Estaban acostumbrados a una larga, interminable, ejecución tortuosa, donde las personas eran mutiladas y quemadas y se separaban lentamente. Para ellos, ver la guillotina en acción, era tan rápida, que no había nada que ver. La hoja cayó, la cabeza cayó en una cesta en seguida fuera de la vista y gritaron, “Devuélveme mis horca, devuélveme mis horca de madera“…”